Recuerdo aquellos lunes, los hacíamos nuestros cuando íbamos
a esa cafetería. Nuestro lugar favorito, nuestra mesa de siempre con ese centro
de margaritas y ese olor a tostadas con mantequilla.
Recuerdo cuando me mirabas y me contabas lo que te preocupaba, yo me perdía en la curva de tu boca, en tu
media sonrisa, en tu vida...entonces me agarrabas la mano fuertemente y jugabas
con los anillos de plata de mis dedos, como si de un juguete se tratase. De
repente parabas de hablar y me mirabas fijamente, yo perdida en mi pensamiento
te miraba despistada disfrutando de ese momento como si fuera nuestro.
Todos los lunes tenían luz, incluso los más nublados. Esos
cafés a tu lado, esas risas improvisadas pintaban mi vida de un color alegre,
lleno de energía y amor.
De repente, yo hablaba y tus ojos miraban mi boca con deseo,
sé que querías hacerlos tuyos, jugar con ellos, en el fondo eres como un niño
pequeño, mi niño.
Mirábamos por la ventana despistados disfrutando de nosotros,
de nuestra vida. A veces un pensamiento oscuro nublaba mi vista ¡nuestro
futuro!, ¡qué nervios! Pero entonces pasabas tu mano acariciando mi
cara suavemente y dejaba de respirar un momento para acto seguido perderme en
ti y recuperar de nuevo mil luz, mi día, nuestros lunes, nuestra vida.